Street Fighter: 39 años del videojuego que conquistó el cine y su nueva película en 2026

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Hay franquicias que sobreviven a sus propias adaptaciones, y luego está Street Fighter. El videojuego que inventó el género de pelea llegó a 2026 con más de 50 millones de copias vendidas y, en el camino, acumuló cuatro intentos de llevarlo a la pantalla grande: uno legendario por su desastre, uno olvidado, una película animada que sí funcionó y, ahora, una apuesta seria de Legendary y Paramount.

Con Street Fighter estrenándose en cines el 15 de octubre de 2026 en México, vale la pena recorrer cómo un juego de arcade de 1987 se convirtió en una de las propiedades culturales más resistentes del entretenimiento, y qué ha pasado cada vez que alguien intenta convertirlo en cine.

El arcade que lo cambió todo

El primer Street Fighter llegó a los salones recreativos el 30 de agosto de 1987, desarrollado por Capcom y dirigido por Takashi Nishiyama y Hiroshi Matsumoto. No fue un éxito arrasador, pero plantó algo que nadie había resuelto bien hasta entonces: un uno contra uno de artes marciales con movimientos especiales ejecutados mediante comandos.

El detalle tiene firma. Nishiyama creó el Hadouken —la onda de energía de Ryu— inspirado en el «Hadouho», el misil láser del anime Space Battleship Yamato. Y después de terminarlo, dejó Capcom en 1988 para irse a SNK, donde creó Fatal Fury como sucesor espiritual, además de trabajar en Art of Fighting, The King of Fighters y Metal Slug. Fundó su propio estudio, Dimps, en 2000, y volvió a la saga en 2008 como productor ejecutivo de Street Fighter IV.

Pero la revolución real fue la secuela. Street Fighter II: The World Warrior salió a los arcades el 7 de marzo de 1991, diseñado por Yoshiki Okamoto y Akira Yasuda, con ocho personajes jugables y un sistema que por fin permitía ejecutar combos con fiabilidad.

El impacto se mide en máquinas. Solo en 1991 se vendieron 50,000 unidades de arcade en el mundo —17,000 de ellas en Japón—, y entre 1991 y 1993 el juego capturó cerca del 60% del mercado global de máquinas recreativas. En Reino Unido había 10,000 unidades instaladas a mediados de 1991, y hay registros de que en los arcades del West End londinense los espectadores apostaban dinero por los jugadores.

Ese es el nacimiento de la escena competitiva tal como la conocemos. Street Fighter II no solo vendió: creó la idea de que jugar contra otra persona en una máquina pública podía ser un deporte. Entre las versiones de Super Nintendo y Sega Genesis sumó más de 14 millones de copias.

1994: la primera vez en la pantalla grande

Con el juego en su punto más alto, Hollywood no tardó. Street Fighter llegó a cines en diciembre de 1994 —en México se conoció como Street Fighter: La última batalla—, dirigida por Steven E. de Souza y con un reparto que hoy se lee como una cápsula del tiempo: Jean-Claude Van Damme como Guile, el puertorriqueño Raúl Juliá como M. Bison, Kylie Minogue como Cammy y Ming-Na Wen como Chun-Li, además de Byron Mann (Ryu), Damian Chapa (Ken), Wes Studi (Sagat) y Roshan Seth (Dhalsim).

El problema fue estructural: la película cambió la premisa del juego. Donde el original planteaba un torneo de artes marciales, el guion armó una suerte de conflicto militar con Guile como protagonista, dejando a los demás luchadores en papeles secundarios. El torneo, que era el corazón de la franquicia, desapareció.

A la crítica le pareció un desastre, y con razón: hoy se recuerda como una de las peores adaptaciones de videojuego jamás hechas. Pero el dinero cuenta otra historia. Costó alrededor de 35 millones de dólares —con Capcom poniendo parte del presupuesto— y recaudó unos 100 millones en taquilla. Se convirtió en la segunda película más taquillera de Van Damme, solo detrás de Time Cop. Capcom invirtió 4,000 millones de yenes en el proyecto y recuperó 15,500 millones, y todavía en 2018 la cinta le seguía generando alrededor de medio millón de dólares al año por televisión, streaming y alquileres.

El rodaje, por cierto, fue un caos documentado. En 2018 el propio director reveló al diario The Guardian que Van Damme, que cobró 8 millones de dólares —casi una cuarta parte del presupuesto—, atravesaba una adicción a la cocaína durante la producción: gastaba unos 10,000 dólares a la semana y consumía alrededor de diez gramos diarios. Los lunes no aparecía. El director terminaba reorganizando el guion para rodar otras escenas.

Lo que 1994 hizo bien: Raúl Juliá

Si algo se salvó de aquel desastre fue el villano. Raúl Juliá aceptó el papel de M. Bison por una razón muy concreta: sus hijos eran fans del videojuego y quiso que pudieran ver una película en familia. Para construirlo se inspiró en dictadores como Mussolini y Hitler, y en la figura de Pablo Escobar.

Fue su último trabajo. Juliá falleció el 24 de octubre de 1994, antes de que la película llegara a las salas, y los créditos la cierran con una dedicatoria: «FOR RAUL. Vaya Con Dios». Su interpretación fue de las pocas cosas que la crítica alabó, y le valió una nominación póstuma a mejor actor secundario en los Premios Saturn.

Hay una escena que resume esa mezcla de torpeza y cariño: la película termina con los héroes posando en una foto de familia tras la explosión del cuartel de Shadaloo. Es ridículo, sí, pero es un homenaje directo a las poses de victoria del videojuego: cada actor imita la celebración de su personaje. Guile se peina; Chun-Li salta de felicidad.

2009: el segundo intento que casi nadie recuerda

Quince años después, Fox intentó otro acercamiento con Street Fighter: The Legend of Chun-Li, estrenada el 27 de febrero de 2009. Esta vez el foco era el personaje femenino más reconocible de la saga, con Kristin Kreuk —entonces popular por Smallville— en el papel principal, dirigida por Andrzej Bartkowiak y acompañada por Michael Clarke Duncan como Balrog y Neal McDonough como Bison.

Fue un fracaso sin matices: recaudó apenas 8.7 millones de dólares en Estados Unidos, una cifra insignificante frente a los 100 millones del intento noventero. La crítica la trató aún peor que a su predecesora, y hoy prácticamente no se recuerda. Vale como dato de contexto: hubo un tercer proyecto en el camino, una secuela que Universal quiso hacer con Van Damme repitiendo como Guile y Dolph Lundgren sumándose al reparto. Nunca se hizo.

Las que no fueron live-action

Aquí está el detalle que muchos fans consideran el mejor material que ha dado la franquicia en imagen: Street Fighter II: The Animated Movie. Estrenada en Japón el 6 de agosto de 1994 —meses antes de la película con Van Damme—, dirigida por Gisaburō Sugii, con guion de Kenichi Imai, animación del estudio Group TAC y diseño de personajes de Shuko Murase.

La cinta tuvo un cuidado particular en las peleas: la coreografía se desarrolló con la ayuda del luchador japonés Kazuyoshi Ishii, fundador del K-1, que le dio a los combates una sensación más realista que la de cualquier adaptación en imagen real. Distribuida por Capcom en Japón, se estrenó en cines en Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Francia y España, y se convirtió en referencia obligada para los fans. Le siguió Street Fighter Alpha: The Animation en 1999.

Esa misma ruta animada es la que produjo el contraste más citado entre los aficionados: la película animada de 1994 logró lo que la versión live-action no —tratar a los personajes como los del juego—, con tres décadas de ventaja en la discusión.

2026: la apuesta de Kitao Sakurai

La nueva Street Fighter es un reinicio en toda regla. La dirige Kitao Sakurai, conocido por la serie Twisted Metal y por The Eric André Show, y viene de Legendary Entertainment con distribución de Paramount Pictures.

El reparto es, con diferencia, el más ambicioso de las cuatro adaptaciones: Andrew Koji como Ryu, Noah Centineo como Ken Masters, Callina Liang como Chun-Li, Jason Momoa como Blanka, David Dastmalchian como M. Bison, el luchador de la WWE Roman Reigns como Akuma, el también luchador Cody Rhodes como Guile, 50 Cent como Balrog, Vidyut Jammwal como Dhalsim, Mel Jarnson como Cammy, Orville Peck como Vega y Olivier Richters como Zangief, entre muchos otros.

La historia se ambienta en 1993 —el año en que llegó a los arcades Super Street Fighter II— y sigue a Ryu y Ken, dos artistas marciales distanciados, que son reclutados por Chun-Li para competir en el World Warrior Tournament, un torneo que esconde una conspiración. Es decir: esta vez el torneo sí está en el centro de la trama, que es justo lo que se le reclamó a la versión de 1994.

La película fue rodada para IMAX y proyectará más de una hora de metraje en formato expandido 1.90:1. En México se estrena el jueves 15 de octubre de 2026; en Estados Unidos llega un día después.

Datos y curiosidades

La película de 1994 tuvo dos videojuegos distintos. Ambos se llamaron Street Fighter: The Movie, salieron en 1995 y usaban sprites digitalizados de los actores al estilo Mortal Kombat. Uno se desarrolló en Estados Unidos para arcades; el otro lo hizo la propia Capcom en Japón para PlayStation y Saturn, con el sistema de combate de Super Street Fighter II Turbo. Los dos fueron un desastre y hoy están justamente olvidados.

Los nombres completos que solo existen en el cine. La cinta de 1994 reveló los nombres de pila de Ryu, Sagat, Guile y Chun-Li. Nunca aparecieron en ningún videojuego de la saga.

«Good Morning, Shadaloo». Cuando un locutor de radio saluda así en la película, es un homenaje a Good Morning, Vietnam (1987). El detalle es que la frase la dice el verdadero Adrian Cronauer, el locutor en quien se basaba el personaje que interpretó Robin Williams en aquella película.

Kylie Minogue y Van Damme. La australiana tenía 25 años y era prácticamente una desconocida cuando rodó el papel de Cammy —su actuación le valió críticas feroces—, y años después Van Damme confirmó que tuvieron un romance durante el rodaje en Tailandia.

El Hadouken viene de un anime de los setenta. Nishiyama contó en entrevistas que la idea del ataque de energía de Ryu salió del «Hadouho», el misil láser de Space Battleship Yamato. El Shoryuken fue invención suya, exagerando movimientos marciales que había visto.

Arcades como arena de apuestas. En 1991, en el West End de Londres, ya había público apostando dinero en partidas de Street Fighter II. Faltaban años para que existieran los esports como industria.

Lo que viene

Cuatro intentos, un éxito financiero que la crítica detestó, un fracaso absoluto, una película animada que sigue siendo la favorita de los fans y ahora un reinicio con el reparto más grande de todos. Street Fighter llega a cines mexicanos el jueves 15 de octubre de 2026, y esta vez la pregunta ya no es si será fiel al juego, sino si por fin la franquicia encontrará en el cine lo que lleva 39 años consiguiendo en una pantalla de arcade.

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